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La Comisión Europea activa un plan de ahorro para reducir el consumo de petróleo ante la mayor crisis de suministro en décadas, con medidas centradas en el transporte, el consumo doméstico y la industria.
La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo y el bloqueo casi total del estrecho de Ormuz han obligado a la Comisión Europea a pasar a la acción. Bruselas ha solicitado a los Estados miembros que coordinen sus planes de contingencia para proteger el suministro de crudo y productos refinados. Para ello, se apoya en las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo de referencia mundial en materia energética.
Liberar las reservas estratégicas de petróleo puede amortiguar el impacto inicial, pero no será suficiente si la interrupción del tráfico por Ormuz se prolonga. La propia AIE considera que estamos ante la mayor volatilidad de oferta en la historia del mercado global del petróleo.
En ese contexto, la Comisaría de Energía y Vivienda ha remitido una carta a los ministros de Energía de la UE pidiendo medidas de ahorro de demanda, con especial atención al transporte. Se trata del sector donde más rápido se puede recortar el consumo de combustibles fósiles.
El estrecho de Ormuz es clave para el mercado del petróleo
Por este paso marítimo circula alrededor del 35 % del crudo que se comercializa por vía marítima, lo que equivale al 20 % del consumo mundial de petróleo.
El grueso de las recomendaciones de la AIE se concentra en los desplazamientos del día a día, donde el margen de ahorro de combustible es más amplio y las medidas pueden aplicarse de forma casi inmediata. Desde el fomento del teletrabajo hasta las restricciones de circulación, el objetivo común es sacar los coches de la carretera.
Extender el trabajo a distancia donde sea posible constituye una de las medidas más directas para reducir la demanda de combustible. Menos desplazamientos diarios al centro de trabajo significan menos presión sobre el consumo, especialmente en las áreas metropolitanas.
En la misma línea, la AIE propone impulsar el uso del transporte público mediante incentivos, rebajas tarifarias o refuerzos de servicio. El objetivo es lograr que parte de los trayectos que hoy se realizan en el coche se trasladen al autobús, el metro o el ferrocarril.
También se plantea fomentar el coche compartido para elevar la ocupación media de los vehículos, junto con los hábitos de conducción eficiente, como una aceleración más suave o un mejor mantenimiento de los neumáticos. Son pequeñas acciones con un efecto acumulativo significativo sobre el gasto de combustible.
Entre las medidas más intervencionistas figura la restricción alterna de circulación, es decir, permitir circular un día a los coches con matrícula par y otro a los de matrícula impar, en las grandes ciudades. La finalidad es doble. Por un lado, reducir la congestión y, por otro, recortar el consumo de carburantes.
La AIE considera que este tipo de limitaciones resultan especialmente eficaces en los grandes núcleos urbanos, donde la densidad de tráfico multiplica el gasto de combustible por vehículo. Combinadas con el refuerzo del transporte público y el coche compartido, las restricciones pueden generar un descenso significativo de la demanda de gasolina y diésel.
La AIE recomienda rebajar los límites de velocidad en autopistas como una de las medidas más inmediatas y eficaces para disminuir el consumo de gasolina y diésel. La medida afectaría tanto a turismos como a vehículos comerciales y camiones.
En el ámbito de la logística, se propone optimizar rutas, cargas y hábitos de conducción en flotas comerciales y de reparto para contener el uso de diésel. Este combustible es precisamente uno de los productos que más preocupa al mercado europeo en este momento.
La velocidad influye directamente en el consumo
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), circular a 120 km/h puede incrementar el consumo de combustible entre un 15 y un 20 % respecto a hacerlo a 100 km/h, debido al aumento de la resistencia aerodinámica.
La AIE recomienda reducir los viajes en avión cuando existan opciones razonables por otros medios, especialmente en desplazamientos corporativos. El foco está en contener la presión sobre el queroseno, uno de los combustibles más expuestos a la actual crisis energética.
Sustituir trayectos aéreos cortos por el tren de alta velocidad, por ejemplo, permitiría aliviar parte de esa demanda.
No todas las medidas del plan se dirigen al transporte. La AIE también pone el foco en el consumo doméstico de derivados del petróleo y en la capacidad de la industria para adaptarse a un escenario de escasez prolongada.
El Gas Licuado del Petróleo (GLP), un derivado del petróleo que se utiliza habitualmente para cocinar o como combustible en algunos vehículos, debería reservarse para necesidades esenciales. En un escenario de tensión prolongada, el objetivo es priorizar su disponibilidad para consumos básicos en el hogar.
En paralelo, se recomienda acelerar la transición del GLP hacia soluciones eléctricas de cocina. Para quienes valoren dar ese paso, comparar tarifas de luz y gas puede ser un buen punto de partida. Se trata de una medida con un componente más estructural, pero que puede aliviar la tensión si la crisis se prolonga en el tiempo.
La última recomendación se dirige a la industria petroquímica y a la manufacturera. El planteamiento consiste en aprovechar la capacidad de adaptación de estas industrias para sustituir determinadas materias primas derivadas del petróleo por otros insumos.
Se trata de una iniciativa con una menor visibilidad pública, pero con un impacto potencial considerable. Si la crisis se prolonga, la capacidad de la industria para reducir su dependencia del crudo como insumo puede contribuir a aliviar la presión general sobre el mercado de productos refinados.
Por el momento, Europa no se encuentra en un escenario de racionamiento, pero sí ante la necesidad de contener una tensión que ya se traslada al mercado del diésel, del queroseno y de otros productos refinados. En este contexto, el ahorro energético deja de ser solo un objetivo medioambiental para convertirse en una cuestión clave de seguridad energética.
De hecho, las grandes compañías del sector petrolero ya advirtieron en foros internacionales de referencia de que Europa podría empezar a sufrir tensiones de suministro a corto plazo si persistían las alteraciones en Oriente Medio.
Los máximos responsables de estas compañías señalaron que la seguridad energética se ha convertido en un elemento central de la seguridad nacional, en un momento en que los flujos internacionales del crudo, del gas y de los combustibles refinados están sometidos a una fuerte presión. Reducir el consumo energético se presenta, por tanto, como una de las vías más directas para proteger a Europa frente a este escenario.
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Redactor especialista en contenidos sobre sostenibilidad
Con una base en Biología y especializado en Comunicación Digital y estrategia web, Joshua pone su experiencia al servicio de una misión sencilla: tomar los temas complejos del mercado energético y hacerlos comprensibles para todos. Su trabajo en Hello Watt se centra en asegurar que encuentres la información que necesitas para elegir las soluciones energéticas más eficientes para tu hogar.
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